viernes, 7 de noviembre de 2014

JULIÁN ORTEGA ASENJO



Médico. Alcalde de Atienza
Atienza, septiembre 1912  - Madrid, 5 de enero de 1980.

   Hijo de quien fuese secretario municipal y abogado, Anastasio Ortega y de Francisca Asenjo, nació don Julián Ortega Asenjo en Atienza, en 1912, quedando huérfano de madre en 1916, y contrayendo el padre nuevas nupcias con Pascuala Galán, quien ejerció como verdadera madre de nuestro retratado.

   Estudió medicina en Madrid, en la Universidad de San Carlos, regresando a Atienza para tratar de ejercerla al término de la Guerra Civil, haciéndolo de forma ocasional, ya que nunca se dedicó a ella de manera habitual, puesto que sus métodos fueron contestados por el resto de médicos entonces residentes en la villa.

   Lo más relevante para don Julián Ortega Asenjo, quien desde la mitad de la década de 1940 venía desempeñando un cargo como concejal del Ayuntamiento de Atienza, le llegó el 29 de abril de 1949, en que fue designado por el Gobernador civil de la provincia, Alcalde de Atienza, en sustitución de don Vicente Castel Izquierdo. Cargo en el que se mantendría hasta las primeras elecciones municipales libres y democráticas de 1979. Supuestamente, y a pesar de ser soltero, como se mantuvo a lo largo de su vida, era elegido como representantes “de las cabezas de familia”.

   A lo largo de su mandato como Alcalde de Atienza se acrecentó la emigración, reduciéndose la población, desde sus comienzos hasta el final de su mandato, en dos terceras partes. Y a pesar de que a través de terceras personas, entre ellas Francisco Layna Serrano, se lograron para Atienza reconocimientos como los de “Monumento Nacional”, para el conjunto histórico, o el de “Fiesta de Interés Turístico Nacional” para La Caballada, su labor como Alcalde en años en los que Atienza pudo prosperar, o al menos mantenerse, dejó bastante que desear, haciendo populares algunas frases como: “Atienza no necesita nada”, “Atienza está bien servida”, o “Si no hay agua, ya hay cerveza”. Durante su mandato como Alcalde fueron habituales algunas de las entonces conocidas como “cacicadas”, como que algunos concejales se adjudicasen terrenos municipales a dedo, o se asfaltasen las calles en las que vivían los concejales, acabándose los presupuestos, justo, en sus puertas.

Quien fuese Gobernador Civil de Guadalajara, Sr. Pardo Gayoso, presenta a Julián Ortega, Alcalde y Jefe Local del Movimiento de Atienza, al caudillo de España y General de los Ejércitos, Sr. Franco.

    Igualmente durante su mandato de Atienza desapareció el Registro Civil, la Notaría, los Juzgados…

   Apenas ejerció la medicina de forma circunstancial, pues la mala fama como médico le acompañó a lo largo de sus años, siendo habitual verlo ebrio por los establecimientos de la villa, popularizando, en cuando a medicina, una nueva frase: “si resiste bien, y si no resiste casca”.

   Ejerció como Diputado provincial durante la práctica totalidad de su mandato como Alcalde de Atienza, pasando por la práctica totalidad de comisiones. Al tiempo que fue Delegado Comarcal de Sindicatos, Jefe Local y Delegado del Movimiento Nacional, etc.

   Al final de sus días se convirtió en Presidente de la Diputación provincial de Guadalajara, ya que era el único miembro de la primera institución provincial que no se presentaría a las primeras elecciones municipales de la democracia, de 1979, de las que habría de salir el nuevo presidente, relevando a don Carlos Vaamonde Silva, su mandato, de apenas dos meses, y al ser de transición, pasó desapercibido. La prensa de la época definió la situación como de “Diputación en cuadro”, ya que únicamente quedaron junto a Julián Ortega, cuatro diputados más.

   Considerado como uno de los peores alcaldes de la reciente historia de Atienza, después de haber desempeñado importantes y de alguna manera “ficticios” cargos de responsabilidad provincial, entre ellos el de consejero de la Caja de Ahorros provincial, falleció en de Madrid, el día 5 de enero de 1980, siendo enterrado en Atienza al día siguiente.

   Reconociendo sus dudodas labores “médica” y “municipal”, le fue inexplicablemente dedicada una calle en la villa por uno de los consistorios que continuó su  labor. La Jefatura Nacional del Movimiento lo premió con la “Orden de Cisneros”.

   Pudiera calificarse como el segundo peor Alcalde de la historia de la Atienza del siglo XX. Increíblemente,  hubo quien le aventajó.

Tomás Gismera Velasco